Desde 1993, el 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua.

Desde hace mucho más de 22 años, como población mundial, hemos hecho "la vista gorda" en detrimento de la naturaleza. Y es momento de cambiar. Nuestra cultura, la educación, nuestra acción y nuestro horizonte deben caminar de la mano junto a la Madre Tierra.



El agua es maravillosa y poderosa. El agua es imprescindible. Más urgente que nunca es la obligación que tenemos de cuidarla.

Ella es protagonista esencial dentro de la dinámica de la Vida planetaria, en ella comenzó la Vida hace 3.500.000.000 de años... El agua no debe ser sólo considerada derecho humano, sino derecho biológico: Todos los seres vivos no existiríamos sin ella.
Los recursos hídricos juegan un papel clave en la vida comunitaria, en la reducción de la pobreza, en la calidad de vida y en la sostenibilidad ambiental. El agua propicia el bienestar de la población, la inclusión basada en la dignidad que cada ser humano tiene. Ella, según como se la trate, tendrá un impacto positivo o negativo sobre la vida de los más de siete mil millones de personas que habitamos esta "Casa", al incidir en cuestiones que afectan a la seguridad-soberanía alimentaria y energética, la salud humana y a la biota en general.

La Economía, el tan mentado y falaz "Desarrollo sostenible", el consumo ilimitado como regla para medir la prosperidad de un pueblo, no pueden seguir rigiendo nuestras decisiones. En cambio, debe serlo la Ecología, la que debiera ser el eje alrededor del cual giren las decisiones humanas.

El agua es vida. Y la mejor forma de respetar y celebrar la vida es cuidando el agua que tenemos, que es de Todos. Protegerla y accionar en contra de los intereses que agredan a nuestro bien más preciado, es honrarla y honrarnos como especie.

 
VOLVER